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El monólogo interior como técnica narrativa

Técnicas narrativas: el monólogo interior
Técnicas narrativas: el monólogo interior

Técnicas narrativas: el monólogo interior

Antes de comenzar a hablar del monólogo interior convendría hacer una aproximación a su significado, acaso a sus características a través de las cuales cada quien podrá organizar su propia definición del concepto.

Édouard Dujardin, a quien se atribuye la paternidad del monólogo interior en su uso literario, dijo en 1931 que «El monólogo interior es […] el discurso sin oyente y no pronunciado, mediante el cual un personaje expresa su pensamiento más íntimo, el más cercano posible del inconsciente, anteriormente a toda organización lógica…».

El monólogo interior está regido por el caos, pues no es más que el reflejo del pensamiento humano, de ese soliloquio que cada persona puede mantener consigo misma, y sin otro público que ella misma.

El pensamiento es, al menos en apariencia, caos. Resulta errático, inaprensible a la razón de la lógica.

En el pensamiento, materia prima de la que está formado el monólogo interior, hay sueños, ideas, teorías, preguntas sin respuesta y respuestas sin pregunta. Y todos y cada uno de esos elementos fluyendo en su más libre expresión por nuestra mente, por la mente de los personajes que protagonizan ese monólogo interior.

A pesar de que el monólogo interior es una de las herramientas más usadas por todo tipo de narradores, especialmente los narradores en primera persona; no resulta un recurso muy fácil de utilizar en narrativa, ya que ese caos que lo preside puede verse matizado, cuando no completamente transformado o hasta anulado, al pasar por la lógica de la escritura. 

El escritor se enfrenta a la difícil tarea de plasmar en el papel ese monólogo interior, y hacerlo de esa misma forma aparentemente caótica en que se expresa en nuestra mente

Por lo tanto, el escritor se enfrenta a la difícil tarea de plasmar en el papel ese monólogo  interior, y hacerlo de esa misma forma aparentemente caótica en que se expresa en nuestra mente el pensamiento que es su materia prima.

Y, al mismo tiempo, no caer en el riesgo cierto de confundir al lector o, peor aun, de perderlo en la volubilidad de esos vaivenes, terreno natural del pensamiento.

Deje pues el escritor la mano suelta y libre para expresar lo que ese caos interior requiera como vehículo de las ideas y conceptos sobre los que quiera hablar.

Según el propio Dujardin, su objetivo es «evocar el flujo ininterrumpido de pensamientos que atraviesan el alma del personaje a medida que surgen y en el orden que surgen, sin explicar el encadenamiento lógico (…), por medio de frases reducidas al mínimo de relaciones sintácticas, de forma que da la impresión de reproducir los pensamientos tal como llegan a la mente».

Por tanto, esta herramienta permite al narrador de un relato mostrar a sus personajes completamente desnudos, despojados de todo convencionalismo social bajo cuya restricción han de expresarse y actuar el resto del tiempo, en presencia de los demás o en diálogos con los demás personajes.

Así pues, el autor puede aprovechar esta herramienta para ofrecer al lector viajes a regiones remotas del momento actual de la trama, retrocediendo al pasado del personaje, a sus experiencias más íntimas o a la forma en que ha vivido experiencias críticas con otros personajes y cuyo poso tiene un peso importante en la trama… El monólogo interior es libertad, creatividad y, sobre todo, un orden caótico, un caos ordenado.


Víctor J. Sanz

Técnicas narrativas: el monólogo interior

Artículo publicado en el nº 10 de la revista Scribere

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